jueves, 20 de mayo de 2010

Poema-mandala 5 (mayo 2007)

EQUILIBRIO... justo

MOMENTO... maravilloso

SUSPENSO... incierto

ANTES DE QUE TODO

            SE DERRUMBE...

Poema-mandala 4 (mayo 2007)

Transparencias insinuantes

de mundos que no vemos...

Espacio infinito en equilibrio,

pirámides guardianas...

del secreto de la vida

y de la muerte...

sábado, 8 de mayo de 2010

Mi cuerpo tiene la palabra (3)

 Parece que mi papá ha decidido alimentar mi cuerpo de magia; me siento en el piso, mis oídos se paran en primera línea y papá me recita “La elegía del niño mariscador” y otros muchos poemas, pero éste, especialmente éste... me produce algo blandito y con un poquito de dolor en el corazón, parece que eso se llama tristeza…, me gusta este sentimiento, me gusta también cuando en mis pensamientos imagino a ese niño al borde del mar…, chiquito y solo, sin embargo no tiene miedo porque la luna lo ilumina y eso me da tranquilidad, entonces cada vez que papá me invita al mundo de la magia, le pido que me recite “El niño mariscador”…

Aunque no sólo tristeza siento, otras veces mi cuerpo se enciende, parece que estuviera lleno de chispas, es cuando papá me cuenta historias de viajes, los de aquel bisabuelo, marino mercante, que navegaba desde Masnou -en Barcelona-hasta Montevideo, pasando por Cuba, en su bergantín goleta “Ana”, ¡sí, ése era su nombre!!!! cuando yo lo escucho mi corazón salta, salta porque ¡ese barco tiene mi mismo nombre!!! y siento que esas chispas me encienden porque me gusta todo lo que ese barco vive, viajes en el mar, tormentas de las que sale airoso, paisajes exóticos y misteriosos, aventura de lo que es diferente…, velas desplegadas al viento, ¡tres!!! y ¡se llama como yo!!!!! Aunque yo, cuerpo, soy pequeño todavía, me siento enoooorme, como el barco, navegando en vaivenes deliciosos como cuando te pasan la mano en redondito por la espalda, desplegado en el aire como las velas, como cuando el viento tibio de las tardes de verano sopla suave y trae para vos los sonidos de la orquesta de los árboles, entonces abrís grande los brazos, muy grande y ese viento se te mete adentro para hacerte volar…

Poema-mandala 3 (mayo 2007)


Los sonidos están,
          pero no se escuchan...
Las campanas se detuvieron
          en el instante preciso en que te fuiste...
Todo quedó quieto, exacto...
La estrella se congeló y
el instante sin tiempo
          dejó escondida
                    la otra cara
                         de la vida...

lunes, 12 de abril de 2010

Mi cuerpo tiene la palabra (2)

Tiempo antes de que yo comenzara a tener alguna identidad mi futura mamá tenía muchas ganas de tener un niño o niña; una y otra vez ella se imaginaba prodigando caricias sobre la piel suave de su bebé. Tal deseo me atrajo tanto que un día me encontré siendo… Confieso que me gustaba sentir aquel deseo de mamá y ahora que he abandonado ya ese rincón plácido y sereno en donde me instalé durante meses y meses siento que sus manos me acarician suavemente, sus brazos me envuelven enseguida… soy un cuerpo frágil y pequeño todavía… Qué bueno, mi mamá es calentita también por fuera, ¡justo lo que necesito!, porque antes de encontrarme en este mundo me sentía realmente confortable y hasta me resistí a salir. Allí todo era suave, cálido, sereno, reinaba mucha paz. Aquí mis oídos escuchan ahora con más claridad la voz de un señor, me parece que es la de mi papá… comienzo a distinguirla, me gusta su sonido, me hace cosquillitas de alegría.
Percibo gente, mucha gente a mi alrededor que quiere tomarme en sus brazos, ¡me gusta!!!!, me quieren, me acunan, escucho sus canciones, siento en mi piel sus miradas, me duermo en los brazos de quien me mece, ¡adoro sentirme protegido!!!!!!

Así voy creciendo, entre caricias, suavidades, perfumes gratos, voces armoniosas y entusiastas, hermosas canciones que me envuelven, poesías para niños, juegos de palabras; mi vista sigue la pista de los colores que vuelan frente a mis ojos, mi piel es suave, soy un bebé, muy sensible a la piel de los demás: se nota que me quieren porque me acarician suavecito y con cuidado… huelo cosas que me gustan, algunos perfumes me persiguen todavía y adivino cuando los vuelvo a sentir todo el camino recorrido.

Paso casi dos años en este estado de felicidad que no ha de perdurar para siempre… Acaba de nacer mi hermanito y ahora los sonidos de casa han cambiado; hay alguien que con su llanto rompe la armonía de las voces que me rodean; las manos de mamá están más apuradas…, para salvarme de la confusión me rescata mi abuela, ella me peina con delicadeza, me encanta sentir el cepillo que va desenredando mis pelitos, en realidad lo que me gusta es la cosquillita que me hace en el cuerito de la cabeza. También me gusta cuando mamá lo hace, “rascame la cabeza, mami” le pido, entonces me apoyo sobre su falda y ella lo hace muuuuuy suavemente, también me hace rascaditas en la espalda, mmmmmmmm ¡me encantan!!!!. Lo que no me gusta es cuando me peina las cejas con su saliva, ¡ajjjjj!!!!, cada vez que salimos, pero parece que las niñas tienen que tener las cejas bien peinadas cuando salen, ¡a mí qué me importa!!!!!

Tiene mucha paciencia mi abuela y siento que me ama porque me mira a los ojos y los suyos sonríen, porque me habla lentamente y sus palabras se esconden dentro de mí como si fueran de seda, porque me apoyo contra su cuerpo y lo siento grande, puede protegerme, porque me deja que la toque: su pelo es suavecito, su piel blanda, sus uñas son rayaditas, me encanta tocarlas, las de mi mamá también. Me gusta el olor de mi abuela porque es un olor a cosas de otros tiempos, a historias que me cuenta, a cosas sencillas que saca de sus cajones y que yo toco, huelo y luego pregunto, Abu ¿para qué es esto?, ella siempre me responde, a veces no me dice la verdad pero me hace un chiste y me río. Me encanta sentir el corazón brillante cuando me río, me sacudo con la risa como cuando vas en auto por caminos de tierra y eso me hace sentir tan bien..., tal vez sea ése el motivo por el cual ando buscando personas que me hagan reír, porque Ana ¡es demasiado seria a veces!!

jueves, 8 de abril de 2010

Las cosas de la Vida (1994)

     Era una tarde gris y fría de invierno. La gente apresurada se disputaba un lugar en la parada de los ómnibus intentando ganar unos minutos para llegar a la calma, al bullicio o quién sabe, tal vez a la soledad de sus hogares.
     Ella caminaba como si el tiempo no contara, disfrutaba de las calles, de la fina llovizna que hacía correr a todos, de ese movimiento poco armónico, de los ruidos disonantes… de un instante que nuca se repite, de esa tarde fría y gris.
     Mientras pasaba frente a un bar sintió deseos de detener su marcha, llamada por un aroma tentador, ¡sí! Afuera quedaban el frío, las corridas y los ruidos.
     El bar estaba lleno, pero allá en ese rincón, justo al lado de la ventana vio una mesa libre. El mozo le sirvió un café y en compañía de su infaltable libro se disponía a volar por un mundo de fantasías cuando una voz la interrumpió en el umbral de ese mágico momento:
     - Hola, ¿aceptarías compañía? No hay más mesas libres y cuando te vi pensé que podríamos compartir un buen momento.
     Levantó tranquilamente la mirada de su libro, lo miró y respondió:
     - … Sí, ¿por qué no? –la gente siempre la intrigó.
     Luego de un breve y algo estereotipado intercambio de frases, clásicas en esas circunstancias, preguntó él con aire curioso:
     - ¿Te molestaría si te pregunto la edad?
     Pregunta hecha con el tono de la curiosidad que traiciona una necesidad inconsciente de ubicar rápidamente a la gente en un marco de referencias familiares.
     - ¿Mi edad? No sé…, no sé qué edad tengo –respondió ella y quedó pensativa, ovillando y desovillando la pregunta aparentemente tan obvia y tan simple.
     Él esbozó una sonrisa como disculpándose por esta indiscreción y para excusarse explícitamente de tamaña imprudencia, con un tono cargado de humor y cierta picardía exclamó:
     - ¡Evidente!, a las mujeres les cae mal que les pregunten la edad, especialmente si han pasado los treinta…, me siento algo torpe…
     Y el gesto acompañó una intención provocativa que delataba la necesidad mal disimulada de este dato casi imprescindible para él. Debía saber rápido, muy rápido frente a quién estaba sentado, pues uno no se comporta de igual modo con una mujer de veinte que con una de treinta, menos aún con una de cuarenta y ni qué hablar de una “señora”, respetable señora de más de cincuenta…
     A todas luces el comentario hecho invitaba a una respuesta explosiva, ya fuera por el sí, ya por el no. Pero como saliendo de sus pensamientos, ella con gran calma respondió:
     - Disculpá la distracción, me quedé dando vueltas a la pregunta que me hiciste. Es tan corriente que te parecerá un sinsentido si te digo que no me resulta fácil presentarme por mi edad; a decir verdad, mi edad te daría sólo un pequeño dato de quién soy. Pero bien, como no quiero provocarte una terrible desazón, ni tampoco crear misterio, te lo diré, tengo treinta y nueve años.
     - ¡Treinta y nueve!
     Fue tan efusiva la exclamación que ella sintió muchas ganas de reír. ¿Sería esta edad una enormidad? ¿Con respecto a qué? Tal vez con respecto a lo que él había imaginado cuando la vio en aquel rincón, o a lo que ella aparentaba cuando él, con tono galante y muy cortés le propuso esa tarde compartir un buen momento. ¿O… sería tal vez mucho menos de lo que él había supuesto? Para despejar estas elucubraciones, ella sintió que debía reafirmar, sin duda, lo que acababa de decir:
     - Sí, treinta y nueve, pero ¿sabés? Me gustaría conocer cuánto puede decirte la edad acerca de una persona…
     - ¡Pues claro! ¡Por cierto! ¡No sólo me dice algo, sino mucho! Puedo enseguida ubicarme, darme una idea de cómo debés ser, de lo que puede gustarte…, en fin, del tipo de vida que llevás… Apuesto a que tenés hijos adolescentes – dijo él con la seguridad de la apuesta que no falla.
     - ¿Hijos adolescentes? No, no tengo hijos.
     - ¿No tenés hijos? ¡Oh!,…, disculpá…
     - ¿Disculpá? No entiendo, no creo que debas disculparte …
     - Sí, claro… Lo que pasa es que tal vez mi exclamación estuvo fuera de lugar. Me disculpo porque imagino lo que debe ser para una mujer de tu edad no haber tenido hijos…
     - Oh, no…, esto me hace gracia, me desconcierta tu desconcierto y encuentro muy cómica esta situación.
     - ¿Cómo podrías encontrar cómico algo tan serio?
     - Si te referís al comentario que acabás de hacer acerca de los hijos, sí…Mirá, me gustaría decirte que lo encuentro bastante menos serio que las cosas que me gustan, que los seres que amo, que la actividad que tengo, que aquello que pienso, que lo que sueño, que lo que siento. Todo esto es lo que vale, es lo que tengo y aquello por lo que soy, por lo que vivo. Soy con lo que tengo, con lo que siento, con mi mundo y no con aquello que pudo haber sido y no fue. Eso ya pasó y simplemente, no fue.
     Era manifiesto que se veía algo perturbado después de haber tenido que reacomodar todas las piezas de su tablero. Sin saber muy bien ahora cuál sería su próxima jugada, pero en la tentativa de que el hilo de la conversación no se cortara todavía, atinó a preguntar:
     - ¿Y cómo te sentís?
     - ¡Hombre!, no ha sido esto una enfermedad y mucho menos contagiosa… “Cómo te sentís” podría alguien preguntarme después de una gripe, entonces le respondería, “me siento mejor” o “igual que ayer”, “`peor que ayer” o “ya estoy bien, totalmente recuperada”. Pero claro, a veces pienso que a los ojos de mucha gente esto puede asemejarse a la enfermedad… ¿No sería más propio acaso preguntar “qué sentís?”
     - No sé, la verdad es que a esta pregunta no sabría qué contestar si estuviese en tu lugar -concluyó él bastante confundido ya.
     La situación era difícil pues acababa de cortarse la posibilidad de un extensísimo diálogo en el que hubiera habido lugar para un largo intercambio de frases como “los míos son iguales”, “todo lo que hago por ellos y sin embargo…”, “ellos logran cualquier cosa de mí”, colegios, idas y venidas terribles a las fiestas, noches trasnochadas de espera y tantas otras cosas más.
     - En realidad a veces siento que no tengo edad, entonces me percibo muy libre…, a veces soy una viejita, otras tengo diez años, en ocasiones vuelvo a tener dieciocho…, algunas, soy una señora muy seria y otras tantas soy así, como ahora, como me ves. Pero, como te dije recién, nací hace treinta y nueve años y algunos síntomas de mi edad podés ver…, si observás con atención descubrirás alguna cana y verás también alguna arruga, además podría decirte que a veces me duele la columna, u otras cosas, pero esto no es más que un pequeño, un mínimo detalle.
     No, él ya no podía ni sabía cómo sostener esta conversación, no le quedaban tampoco jugadas por hacer, no conocía las reglas de este juego y comenzaba a sentir un extraño malestar. Se apresuró a terminar su café y mirando inquietamente su reloj recordó, casi sorpresivamente, que una hija inexistente lo esperaba a la salida de su clase de inglés…

     Afuera la tarde se dormía acurrucada en el frío, aquí, dentro del café, ella se perdía en el mágico mundo de su libro…

domingo, 4 de abril de 2010

Poema-mandala 2 (mayo 2007)

Rocas encierran un corazón golpeado
... mi corazón...
Bordes que lastiman,
... me lastiman...
Astillas punzantes
... me punzan...
Filo que corta...
... me corta...

sábado, 3 de abril de 2010

Poema-mandala 1 (mayo 2007)

Nubes de tristeza se entremezclan
Un violento remolino sacude el centro de mi existencia
Contención sanadora me rodea por todas partes...
Y un mar de sueños rotos
llora
después de esta tormenta...

Yo tengo un sueño...

…yo no tengo hoy ningún sueño…, mis sueños todos se borraron…, se hizo el día… y en la noche que no debió ser noche se esfumaron, se diluyeron y quedaron sólo siendo sueños… sin que nadie los sueñe ya.

¡Pobres sueños! Tenían la ilusión de ser, de salir de la oscuridad de la noche para brillar nítidamente en un día de sol, … algunos lo lograron, pero muchos, muchísimos se hicieron noche y se fundieron en ella.

Ya nadie los sueña…, ya nadie los llama. Ahora hay sólo recuerdo, de lo que fue… que alguna vez fue un sueño, y de lo que no fue…, que también fue un sueño pero que hoy no tiene ya más “soñador”…

Mi cuerpo tiene la palabra (1)

¡Qué circunstancia tan extraña!!!!, Ana me concedió la palabra…, la primera vez en la historia de nuestra vida que esto sucede. Bueno, exagero tal vez. Bah, en realidad creo haber tomado la palabra varias veces, pero no así, contando nuestra historia. La he tomado es un decir..., me he expresado como un cuerpo, como todos, pero contado…, nunca. Aunque ha habido momentos en que he generado yo la palabra, nunca ha sido mi instrumento. En cambio ahora ….

No quiero ser injusto, expresarme es valioso para mí y Ana me lo ha permitido siempre, pero esta experiencia de ¡contar!!! ¡Me gusta por la novedad!!! Empezaré a "contar" entonces, tal vez narrando descubra que soy también bueno para el relato, “metier” que hasta ahora ha sido territorio de quien me habita…